miércoles, 11 de agosto de 2010

Miedo a las represalias

Hoy he querido publicar un artículo que aparece en la contraportada de El Día. Debido a que solamente se reproduce en la versión impresa, me parece de justicia darlo a conocer en mi blog. Lo he transcrito literalmente del original que firma el Redactor jefe de El Día, Jorge Espinel Gómez; en él, el escritor destaca la baja calidad democrática de los actuales gobernantes de Granadilla de Abona.
Fotografía de un vecino de Granadilla de Abona

Miedo a las represalias
La Restricción del consumo de agua en media docena de barrios de Granadilla de Abona, después de haber detectado la presencia de una bacteria, ha dejado también al descubierto el miedo con el que viven algunos vecinos de este municipio, dispuestos a hablar siempre y cuando no se les identifique públicamente, pues temen que desde el poder se les reprenda. Llama la atención que casi treinta y cinco años después de haber dado cristiana sepultura a Franco, todavía gobiernen dictadorzuelos en este país que se dedican a fichar a todo aquel que discrepe o les lleve la contraria. Mal que les pese, vivimos en una democracia, sistema de convivencia que tiene sus virtudes y sus defectos, pero entre estos últimos, desde luego, no se encuentra la falta de libertad para expresar, a ser posible con respeto, lo que uno piensa.

Amedrentar a un pueblo con la amenaza de que, si se salen de la línea marcada por los que en ese momento ocupan el consistorio, caerán sobre ellos todo tipo de represalias, no se debe tolerar hoy en día. Pese a todo, sucede en muchos municipios pequeños, donde el regidor de turno y sus ediles se transforman en auténticos caciques una vez elegidos.

Un comportamiento que es fruto del apego que una buena parte de los políticos tienen al poder, al que acceden no para servir, sino para sacarle el máximo beneficio. Si a ello se le suma la mediocridad, cada vez más extendida entre aquellos que se afanan por ocupar un cargo público, la mezcla es explosiva y da lugar a ejemplos como el de Granadilla de Abona, un municipio a cuyos habitantes les está “prohibido” discrepar con el gobierno local. Y si lo hacen, será a escondidas y acongojados por el miedo. ¡Qué triste!

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